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Mehmet II dirigiéndose con su ejército a Constantinopla |
Cuando, en 1451, murió el sultán Murad II, su hijo Mehmet se encontró con la misión de gobernar sobre el enorme Imperio otomano. Sin embargo, antes que preocuparse por lo que semejante responsabilidad podría exigirle y antes de comenzar a tomar las primeras medidas destinadas al gobierno de sus dominios, desde el inicio de su mandato dejó muy claro cuál era su principal objetivo: conquistar Constantinopla y hacerse con lo poco que quedaba del Imperio Bizantino.
En este artículo buscaremos las causas que nos expliquen cómo esta ciudad llegó a caer en manos de los turcos. Una ciudad, no lo olvidemos, prácticamente inexpugnable hasta entonces, pues, además de la seguridad que le daba su emplazamiento físico a la hora de un posible ataque, contaba con unas poderosas murallas que se alzaban, desafiantes, ante todos los enemigos que llegaban hasta sus pies.
Antes de empezar con la narración, podemos adelantar ya que, además de un peor armamento, de la poca ayuda recibida de Europa occidental y de un ejército mucho más reducido, influyeron dos cosas más para que el Imperio Romano de Oriente llegara a su fin: en primer lugar, un descuido de los bizantinos, imperdonable cuando se estaba viviendo un momento de peligro extremo y se necesitaba cuidar hasta el último detalle y, sobre todo, fue decisiva la actuación del líder de los otomanos, Mehmet II, quien contó con la mejor de las armas: su inquebrantable convicción en la victoria.